Evaluar para y desde la realidad: hacia prácticas de evaluación auténticas y sostenibles

Esperanza Mejías Macías

La evaluación tiene una influencia innegable sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje. El simple hecho de determinar qué queremos valorar y con qué propósito lo haremos condiciona desde la programación de actividades hasta el comportamiento de los alumnos. Por este motivo el análisis de las actividades de evaluación (qué, cuándo, cómo y por qué evaluamos a nuestros alumnos) es necesario para promover la reflexión sobre la calidad de las prácticas educativas.

Es necesaria pues la formación de docentes para su alfabetización evaluativa. Sin embargo, la mayoría de experiencias formativas en este ámbito son locales y las mejoras en evaluación tienen una permanencia muy baja. Estudios anteriores han señalado que introducir cambios externamente no mejora las prácticas ni las concepciones sobre evaluación en tanto que el sujeto no lo experimenta en la zona de desarrollo próxima (Castelló y Monereo, 2005) y que, aunque se acompañe a los profesores en su propio proceso de cambio en las prácticas, esto no afecta de forma directa y significativa a las concepciones más profundas (Monereo, 2009).

Por ello nuestra propuesta de formación se caracteriza, por un lado, en incidir en las concepciones, estrategias y sentimientos que los docentes sostienen sobre la evaluación de los aprendizajes y hacerlo de forma personalizada y ajustada a la zona de desarrollo próximo de cada maestro; y, por otro lado, implementar la formación en cascada con el uso de un instrumento didáctico que se ajusta a las necesidades de cada maestro y de cada escuela, ayudándolo a mejorar su evaluación de forma sostenible.

El instrumento principal que recoge el enfoque teórico y práctico del modelo de evaluación que proponemos se llama Guia para la Autentificación de Pruebas desde la perspectiva PISA (GAPPISA). Esta guía, utilizada para revisar y mejorar las actividades de evaluación parte de la evaluación auténtica (Darling-hammond & Snyder, 2000; Gulikers, Bastiaens & Kirschner, 2004; Monereo, 2009) como modelo ideal para evaluar competencias de forma inclusiva (Coll i Onrubia, 2000; Agut, 2010) promoviendo el aprendizaje durante la autoevaluación y regulación compartida con compañeros (Sanmartí, 2007).

En definitiva, evaluar desde la realidad a través de tareas auténticas permite a los alumnos desarrollar sus competencias de forma funcional y atractiva, y evaluar para la realidad de cada maestro en cada centro educativo permite no desfallecer al primer intento y sostener un modelo de evaluación que permita mejorar la enseñanza.